¿Me Adapto o me Rindo?



Nuestra vida está en continuo cambio, sin duda hoy no somos los mismos de ayer pues algo aprendimos, vivimos o enfrentamos. Hay algunos cambios que nos hacen reacomodar, ajustar o poner atención a ciertas áreas de nuestra vida; pero hay otros cambios que sencillamente nos vuelcan nuestro mundo al revés.


Cuando un cambio así llega a tu vida, literalmente sientes que perdiste el timón de tu barco, que no tienes ni idea qué ni cómo vas a seguir viviendo, no logras entender lo que pasó y entonces ¿Ahora qué hago?, ¿Qué va a pasar con mi vida?, ¿Podré seguir viviendo después de esto?


Los cambios llegan, a veces avisan, otras veces te toman por sorpresa, nos incomodan, nos confrontan y aunque muchas veces quisiéramos que se marcharan o que solo fueran producto de la imaginación, la verdad es que son reales.


Por lo general cuando a nuestra vida llega un cambio dramático como la pérdida repentina del trabajo, la muerte de un ser querido, una infidelidad, la quiebra financiera, un divorcio, un diagnóstico médico desesperanzador, un cambio de ciudad o país, etc., la primera reacción en nosotros hacia ese cambio es la NEGACIÓN, “esto no me puede estar pasando a mí”, “esto tiene que ser un sueño”, “?En qué momento pasó esto?”, “Ya quiero despertar de esta pesadilla”…


Si tú estás en un momento de negación quiero decirte que no te preocupes, que es completamente normal que tengas esa postura frente a ese cambio. Quiero que sepas que el negarte a lo que estés viviendo no solo te pasa a ti, nos ha pasado y nos pasa a todos, sin embargo, esa temporada de negación debe tener un final, no te puedes quedar toda la vida negando algo que verdaderamente pasó, porque sencillamente si nunca sales de esa negación, entonces muy difícilmente podrás ver la nueva realidad de tu vida y por lo tanto enfrentarla, acomodarte y adaptarte a ella.


Lo que te estoy diciendo es que cuando hay un cambio de ruta o destino en tu vida, es como si fueras en un automóvil hacia algún lugar especifico y de repente te informaran que ese camino al que ibas se cerró y que debes tomar otro que tardará el triple de tiempo del que llevabas, o que al destino al que ibas ya no puedes ir; muy seguramente te dará mucha rabia, intentarás hablar con cuantas personas sea necesario para explicarles que tú debes ir a ese lugar como sea, o que por nada del mundo puedes tomar un camino que te tome tanto tiempo, buscarás y buscarás rutas alternativas, etc., mejor dicho, te reusarás y te negarás a tener que buscar un nuevo destino o a tomar una nueva ruta. Bien, todas esas emociones, sensaciones de rabia, impotencia, dolor, estrés, tristeza y negación, son completamente válidas cuando algo cambia en nuestro camino y por supuesto nos hacen frenar, parar, hacer un alto para analizar lo que está pasando, para buscar soluciones, para entender qué fue lo que pasó, pero lo que quiero que veas es que una vez pasa ese tiempo, necesitas tomar decisiones, necesitas asimilar y ver lo que está pasando, porque solo cuando se vaya la negación, podrás entonces ver la realidad y tomar decisiones para avanzar, de lo contrario, seguirás estacionado en el mismo punto en donde te informaron que era imposible seguir.


El cambio llegó y sólo hay una manera de seguir adelante y créeme que no es la negación, porque por el contrario, la mejor manera de aceptar y asimilar un cambio es verlo de frente, por todas sus caras, sus formas, sus alcances y la mejor manera para adaptarnos a él es saber y conocer de qué estamos hablando.


De este modo, hoy les hablaré de cómo enfrentar los cambios, les hablaré de la gran diferencia que hay en la actitud con la que aceptemos y abracemos esos cambios que llegan a revolucionar nuestras vidas, les hablaré de cómo yo me adapté y aún me sigo adaptando a los cambios que han llegado y que siguen llegando, porque definitivamente cuando un cambio llega, solo tienes dos opciones:


“Te adaptas a el o te rindes ante el”


  1. ¿Me Rindo?

Normalmente es la opción más fácil, o la primera que se nos viene a la cabeza, porque no le encontramos sentido a lo que está pasando, porque consideramos que es más grande que nosotros o sentimos que es mucho más de lo que podemos soportar.


Hay muchas maneras de rendirnos frente a un cambio, podemos quedarnos en la etapa de negación como ya se los mencioné; podemos ver la realidad pero decidir nunca asimilarla y mucho menos vivirla; podemos pretender que el cambio nunca pasó y detener el tiempo en ese instante de nuestra vida; mientras que los años van pasando; podemos hundirnos en la depresión y la tristeza absoluta o lo que es peor e irreversible, podemos decidir por una opción definitiva como el suicidio para una situación temporal como lo es un cambio.


A diario escucho a personas intentando entender el ¿por qué pasó lo que pasó? Yo sé, es casi imposible no hacernos esa pregunta, nosotros siempre queremos conocer el por qué de las cosas, ¿Por qué se tenia que morir?, ¿Por qué me engañó?, ¿Por qué me dejó?, ¿Por qué me despidieron?, Por qué, Por qué y Por qué.


Yo estuve un tiempo encasillada en el Por qué, hasta que me dí cuenta que no siempre hay una respuesta o lo que es mejor, que el conocer la respuesta no soluciona nada y si te hace perder mucho tiempo, tiempo que puedes invertir en lo que verdaderamente vale la pena frente a un cambio.


Tú te rindes frente a un cambio cuando decides vivirlo en soledad, es como si le colocaras el escenario más fácil para hundirte, para no dejarte ver esperanza en medio de la transición, tú te rindes frente a un cambio cuando le das la potestad sobre tu vida, es decir, cuando tú dejas que sea la situación la que vaya marcando tu destino, tu camino, lo que sea que llegue, lo que sea que pase y Nooooo, No puede ser así! una decisión de otro, una tragedia, una enfermedad, una pérdida, NO DEFINEN TU VIDA, por supuesto que será parte de este momento por el que está pasando tu vida, pero tú debes seguir a cargo de tu barco, de tu cuerpo, de tus decisiones. NO LE CEDAS EL CONTROL A UN CAMBIO, no le cedas el control de tu presente y tu futuro a una situación temporal.


Llora, grita, reniega, niega, permítete sentir y liberar lo que un cambio trae a tu vida, no hay manera de adaptarnos a un cambio si no pasamos primero por el mismo y todo lo que éste trae, es decir, en mis palabras, tú no puedes superar un divorcio si nunca lo miras de frente, lo sufres, lo lloras o lo lamentas; tampoco puedes superar un divorcio si te quedas llorando, sufriendo y lamentándolo. De igual manera pasa con una enfermedad, ¿Cómo podrías tú decirle a alguien que le acaban de decir que tiene cáncer que no llore, o que no se preocupe, o que no sufra? Sería inhumano pretender algo así; pero sabes, algo que hay característico en las personas que han superado un cáncer u otras enfermedades, es que esas personas afirman:


“claro que lloré, sentí que me moría, pensé que mi mundo se acabaría, pero entendí que no me podía quedar ahí, que tenía que levantarme y luchar por mi vida, por mi salud, por mi futuro, por mis seres amados”.


Bien, hoy yo no sé cuál sea la situación o el cambio que tú estés viviendo, quizás no sea una enfermedad o un tema físico, pero sea lo que sea, tu vida, tu presente y tu futuro dependen de las decisiones que tomes en este momento, así que hoy quiero animarte a que por favor NO TE RINDAS, cobra ánimo, levántate, pues tienes una vida por la cual luchar, te aseguro que ahorita para ti nada es normal, pero volverás a tener un nuevo normal, todo tendrá de nuevo un lugar, en serio TODO: tus sentimientos, tus pensamientos, tus emociones, tus miedos, tus sueños, TU VIDA!


Así que una vez más POR FAVOR NO TE RINDAS!!


2) ¡Me adapto!

Adaptarnos no significa resignarnos. Me encantó esta definición de Adaptar que encontré y dice así:


Adaptar: Cambiar una cosa, modificarla o ajustarla para que sea válida, sirva, funcione, etc., en una situación nueva y con características distintas.


Los cambios, no solo cambian nuestra realidad, nuestro entorno, nuestras rutinas, sino lo más maravilloso es que nos cambian a nosotros. Adaptarnos es ajustarnos, validar y hacer que funcionemos en una situación nueva, en un mundo nuevo con características distintas. ¿Faltarán cosas? Claro que sí, pero tendrás otras. ¿Extrañaras algo? Por supuesto, pero te apegarás a otras más. ¿perderás algo? Sin duda alguna, todos los cambios traen perdidas, pero te aseguro que también traen muchas ganancias.


Solo hay una manera de resucitar y es muriendo primero. Solo hay una manera de saber de qué estás hecho y esa manera es enfrentando los cambios con valentía, con coraje, con tu corazón, con tus fuerzas, pero sobre todo, con tu actitud y tus decisiones.


Cuando estamos enfrentando un cambio no podemos ver mucho más allá de lo que está pasando, la ruptura, el diagnostico, la crisis financiera, el dolor, el vació del ser que se fue y nos preguntamos ¿Acaso hay vida después de esto?, la buena noticia es que sí la hay y la otra buena noticia es que depende de ti el poder adaptarte a esa nueva vida que vendrá después del cambio.

En varios ocasiones me encontré preguntándome lo siguiente: ¿En qué momento me cambió la vida?, resulté viviendo en otro país con mis dos hijos, divorciada, sin dinero para comenzar de nuevo, Dios mío ¿Qué voy a hacer?


Y en esas ocasiones fue en las que decidí lo que iba a hacer y eso fue: “voy a adaptarme a mi nueva vida, voy a amar mi nueva vida, pues los cambios llegaron no solo para cambiar mi realidad sino para transformarme a mí”


Lo primero que entendí en mi proceso de adaptación es que más allá de un ¿por qué? existía un ¿para qué?, yo sé que no es fácil pensar que hay un para qué cuando hay un cambio que trae dolor, tristeza, sufrimiento, pero debo decirte que lo que más amé y amo de los cambios que ha tenido mi vida, ha sido el poder ver los “para qué” de esos cambios. Te los resumo acá rápido, los cambios que llegaron a mi vida llegaron para que:


Yo conociera lo que significa soltarme en los brazos de Dios

Yo y mis hijos encontráramos Paz, alegría, libertad

Yo pudiera prepararme para cumplir mi propósito

Yo encontrara mi esencia, mis talentos, mis verdades, mi rumbo

Yo renaciera, volara, sanara

Yo hoy pueda estar acá hablándote sobre los cambios


Quiero terminar diciéndote que el “Para Qué” más importante y por el cual pude lograr adaptarme y amar mi nueva vida, fue el haberme soltado en los brazos de Dios, mentiría si te dijera que fue mi actitud positiva, o mis ganas de salir adelante, o el amor por mis hijos, porque aunque todo esto fueron elementos importantes, no habría podido, ni podría aun mantenerme de pie sino fuera porque hay unos brazos y un amor que me sostienen, que me levantan cada vez que caigo.


Yo pude adaptarme a los cambios de mi vida, cuando entendí que esos cambios eran parte de un plan maestro que me llevarían a lugares, a sentimientos, a sensaciones y a una nueva vida que jamás imaginé poder tener.


Hoy con todo mi corazón te puedo decir ,que no cambiaría jajaja por ningún motivo ninguno de los cambios que he tenido, no porque haya sido lindo vivirlos, ni porque quiera volver a llorar todo lo llorado, sino porque nunca hubiera podido saber lo que seguía después, si no los hubiera vivido, así como la mariposa nunca sabría lo que se siente volar si no hubiera sido un gusano primero.


Los cambios van a pasar pero tu vida sigue, así que: abrázalos, vívelos, siéntelos y adáptate, que cuando lo hagas abrirás tus alas y volarás!


Desde mi Alma hacia la Tuya

Adry

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