PERDONANDO…



Llego la hora de la verdad, hemos aprendido lo que verdaderamente es el perdón, hemos identificado qué puntos, sentimientos, excusas, mitos, conceptos y demás, nos habían tenido apartados del perdón.


Quizás, aunque por dentro estamos convencidos de que el perdón es la mejor decisión que debemos tomar por y para nosotros, es imposible no sentir miedo de hacerlo, sentimos miedo porque de alguna manera sabemos que para perdonar debemos enfrentar nuestro dolor, sabemos que no será algo instantáneo como todo lo que está de moda, ahora posiblemente creemos saber el final pero desconocemos el camino.


De ese camino es del que hoy hablaré, como siempre desde mi experiencia y guiada por una ruta que me encantó y que hoy quiero compartir con ustedes.

No quiero continuar sin antes felicitarlos, felicitarlos por estar acá leyendo este post porque el hecho de que lo estés leyendo, quiere decir que al menos estás contemplando la idea o quizás ya tomaste la decisión de usar ese don maravilloso de perdonar.


Eres un(a) valiente, pero sobre todo, eres un ser que al decidir perdonar, muestras que te amas, que te valoras, que quieres ser justo(a) contigo mismo(a), que quieres tener paz, que quieres estar sano(a), que quieres ser libre, porque una vez más te digo que perdonar, es uno de los más grandes actos de amor propio que alguien puede hacer por sí mismo, es un gran acto que haces PORQUE TÚ LO MERECES.


Lo maravilloso de poder conocer este camino del perdón, es que una vez lo conozcamos ya sabremos cómo recorrerlo, pues en este mundo de humanos será un camino que caminaremos una y otra vez, será un puente por el que en algún momento nosotros pasaremos también, pues como dijo George Herbert: “quien no puede perdonar, rompe el puente por el que él mismo puede pasar”


Sin más preámbulos, comencemos entonces éste camino…

Everett Worthington Jr. Autor del libro “The handbook of forgiveness” que aunque solo tiene versión en ingles, el nombre en español sería: “El manual del perdón”. Creó un acróstico para seguir el proceso del perdón muy útil con la palabra REACH [1] que en español significa ALCANZAR.

Me gustó mucho cuando lo leí y por eso decidí usarlo como guía para hoy recorrer juntos este camino del perdón, por supuesto haré mis adiciones y comentarios respectivos …


Recuerda la herida

Bueno para comenzar este camino es necesario hacerlo comprendiendo lo que vamos a perdonar y a quién vamos a perdonar. Es fundamental entonces recordar la o las heridas causadas por esta persona.



Una manera muy interesante para hacer esto es escribiendo, así que puedes elaborar una lista o en algunos ocasiones una carta dirigida al ofensor (la cual no se entregará) detallando cada una de las ofensas o heridas, cuando te digo detallando es precisamente expresando el evento, la palabra, el gesto que te hirió, te asustó o te airó , también cada sentimiento, emoción, recuerdo y reacción que provoque en ti; intenta no omitir ningún detalle, ni tampoco ninguna expresión, este es el momento no solo de recordar sino también de expresar lo que estos recuerdos causan en ti.


Cuando escribimos logramos plasmar los eventos de una manera más real, nos permite organizar nuestros pensamientos, pero sobre todo nos ayuda a ADMITIR LA VERDAD tal cual como pasó, sin filtros ni adornos.


Empatiza con la persona

Este punto me llamó mucho la atención, ¿Cómo es posible que me estén sugiriendo tener empatía con quien me causó tanto dolor?

“El objetivo de este paso, no es bajo ninguna circunstancia quitarle culpa o responsabilidad al ofensor, sino que es una contribución a demostrar que las personas que hieren a menudo padecen heridas profundas.”[2],

Si les hablo de mi proceso de perdón, creo que hacer este paso, el cual hice sin saber que lo estaba haciendo, pues debo decirles que yo no tuve ningún manual, ni ninguna dirección por parte de alguien para hacerlo, me ayudó en cierta manera a intentar entender el por qué esa o esas personas habían actuado como actuaron.


Para mi la clave de este punto está, en que debemos empatizar más que con el adulto que nos hirió, debemos empatizar con el niño(a) que fue, es decir más que intentar ponernos en los zapatos de ese adulto para intentar entender sus decisiones y actos dañinos, es poder ir a encontrar qué fue lo que sembraron en esa persona cuando era un niño(a) o un adolescente, ¿qué fue lo que esa persona recibió de sus padres y personas en su entorno?, ¿De dónde viene y en medio de qué vivió?, en otras palabras ¿Qué historia hay detrás de ese ofensor?


Este paso, que no fue fácil, me ayudó muchísimo a poder comprender por qué esas personas habían actuado como actuaron y por qué me habían lastimado.

Este paso respondió tal vez a una pregunta que todos nos hacemos cuando nos pasa algo doloroso ¿Por qué a mi?. Y es que a mi me ayudó a entender que ese evento no me había pasado por ser yo, esto había pasado por ser esa persona lo que era, por llevar esa historia que llevaba, porque sí, definitivamente estoy de acuerdo con el autor y con muchas investigaciones que demuestran que las personas que hieren padecen de heridas muy profundas.


Altruismo: el don del perdón

Este es el momento de la decisión, este es el momento de, aunque no tengas en frente a quien te hirió, es el momento de entregarle tu perdón.


Otorgar el don del perdón no es fácil, a veces en la vida no tuvimos modelos de perdón en nuestros hogares, es decir, nadie nos mostró cómo perdonar. Aunque éste no fue mi caso, porque tengo grandes maestros del perdón en mi vida, hay un modelo o más bien un punto de partida desde el cual todos podemos entender el perdón; ese modelo es tan sencillo como pensar en que todos los humanos fallamos, nos equivocamos, hacemos daño, yo sé que puedes estar pensando que a lo mejor tus errores no han causado tanto daño como el que te causaron a ti, pero sin importar el tamaño de los errores finalmente siempre vamos a necesitar un perdón, así que otorgar el don del perdón es perdonar de la misma manera como queremos que nos perdonen a nosotros cuando fallamos, ¿recuerdan? “el que esté libre de pecado que lance la primera piedra”.


La última vez que tuve que perdonar una gran herida, fue muy diferente a las veces anteriores, pues las veces anteriores la persona que me había lastimado constantemente me pedía ese perdón, pero en esta ocasión no fue así. Me encontré haciendo una lista de muchísimas heridas, pero sin nadie en frente diciéndome lo siento, me sentía rara, pensé que no serviría lo que iba a hacer si no escuchaba esa petición por un perdón, pero aún así, lo hice, decidí perdonar, decidí soltar todo lo que estaba cargando, decidí soltar mis piedras y ser libre.


Este es el paso en el que tomamos la lista o la carta que hicimos en el primer paso cuando recordamos nuestras heridas y una vez tomamos la decisión de perdonar, comenzamos a leer una por una y frente o mejor encima de cada ofensa vas a escribir y si quieres pronunciar también en voz alta la palabra “cancelada” o “perdonada” o “abonada”.

Para mi, este paso fue trascendental y lo podría resumir en una palabra: LIBERTAD.


Comprométase públicamente a perdonar


El paso anterior es aquel que debemos recordar cada día a partir de ese momento, pues fue un paso trascendental, un paso que nunca olvidaremos y que por lo tanto los días siguientes debemos seguir reafirmando esa decisión que tomamos, esa palabra que escribimos sobre cada herida de manera simbólica pero muy real y representativa para nuestras vidas.


Yo no tengo la fecha exacta del día que otorgue el perdón, pero en mi memoria tengo ese día como si fuera ayer, porque literalmente fue un día maravilloso para mi. Después de ese día le pude comunicar a mi familia y a mis amigos más cercanos que había perdonado, que había decidido renunciar a guardar rencor, que había decidido no darle poder a “la falta de perdón” sobre mi salud física ni emocional.


El revelar a otras personas, nuestra decisión de haber perdonado, hace que nos hagamos responsables de esa decisión por perdonar a quien nos ofendió, nos da una responsabilidad por mantenernos firmes y seguros de haber hecho lo correcto y lo mejor para nosotros.


En mi caso y en el caso de tal vez muchos de ustedes, especialmente si somos padres, o alguna figura de autoridad o admiración de otras personas, nuestro perdón marca una huella en la vida de aquellos que tienen sus miradas puestas en nosotros, por esta razón es muy importante que cuando otorguemos el perdón, sea un perdón genuino, pleno, real y transparente. En el caso de los hijos, nosotros somos sus maestros del perdón tanto para pedirlo como para darlo, ¡que gran responsabilidad!


Habitúese al perdón


En el post anterior, les decía que perdonar es un proceso muy similar al de adquirir un hábito, requiere que lo repitamos, lo decidamos cada día y también que recordemos la motivación, o el propósito por el cual lo estamos haciendo.


Cuando tomamos decisiones que no son fáciles de tomar para nuestra vida, cuando iniciamos un camino incierto y desconocido, muy seguramente experimentaremos el sentir duda, miedo, desánimo o ganas de retroceder, es en ese momento cuando debemos recordar el por qué tomamos la decisión. Recordemos que hubo y que aún hay un motivo y un objetivo increíbles para nuestra vida, entonces, de esta manera reafirmamos nuestras decisiones, nuestro camino, pues tenemos nuestra mirada puesta en ese fin, en ese objetivo.


Aunque seguimos siendo las mismas personas, hubo algo que sí cambió en nosotros cuando decidimos perdonar, soltamos una gran peso que veníamos cargando y aunque estamos en ese proceso de adaptarnos a ese nuevo estado de ligereza, es importante entender que existe una diferencia entre recordar una transgresión y no perdonar, es decir, es cierto que soltamos el peso que llevábamos, pero también es cierto que no olvidaremos que un día lo llevamos en nuestro ser, recuerden: el perdón no es olvidar!


En este paso, es muy bueno buscar algo “concreto” que nos ayude a recordar el día en que perdonamos, el día en el cual fuimos libres, en otras palabras hacer algo, o comprar algún objeto que haga honor a ese momento, algo que sencillamente cada vez que lo veamos, o lo leamos podamos recordar que un día decidimos perdonar!


Bien, finalmente así es como la palabra del acróstico REACH (ALCANZAR) nos enseña a como podemos perdonar, como transitar este camino del perdón, que aunque es doloroso, su final es espectacular.


Sobre mí, sobre mi proceso, sobre mi camino, qué les puedo decir? más que decirles que nunca me arrepentiré de todas las veces que he perdonado, que mi sanidad cobró sentido desde el día que pude perdonar, que sin duda alguna lo volvería a hacer una y otra vez, que gracias al perdón hoy puedo escribirles con sinceridad, convicción y certeza de no sentir dolor por las heridas de mi pasado.


Gracias al perdón, hoy tengo cicatrices y no heridas abiertas, gracias al perdón pude sentirme más fuerte para levantarme, gracias al perdón pude alzar mi cabeza con orgullo, gracias al perdón pude revivir.


En el próximo post y último de esta serie, les contaré todos los frutos que el perdón trajo a mi vida, porque el perdón no solo te sana sino que también te sorprende en el camino…

Espero de todo corazón que este post haya llegado a tu corazón, pero sobre todo espero que hayas tomado la decisión de perdonar, créeme que vale la pena!


Desde mi Alma hacia la tuya

Adry

[1] Hawkins R, Clinton T., 2013, Consejería Bíblica, Editorial Portavoz páginas 187.


[2] Hawkins R, Clinton T., 2013, Consejería Bíblica, Editorial Portavoz páginas 188.