¡¡HACIA LA CIMA!!

“No puedes volver atrás y cambiar el principio, pero puedes comenzar donde estás y cambiar el final” C.S. Lewis



Después de pasar el valle, esa temporada de tanta oscuridad y dolor, tendremos a nuestro alrededor tal vez una o varias montañas; hemos decidido salir de ese lugar y tenemos claro que debíamos comenzar el ascenso. Al comenzar a ascender, hemos podido ver un poco de luz en nuestro camino y hemos podido concebir la decisión de tener la ESPERANZA de que saldremos de ese lugar.


Ya asimilamos que tuvimos una pérdida o varias pérdidas en nuestra vida que causaron que entráramos en un periodo de crisis, elaboramos su duelo y estamos en el proceso de aceptar nuestra nueva realidad. Ya dejamos el valle atrás, entendimos lo que significa tener esperanza, es decir empezamos a decidir que queríamos tener un estado de ánimo con el cual empezaríamos a creer, que sí es posible salir de ese valle y llegar a la cima que ahora nos está esperando; y es aquí donde comienza la IV fase de una crisis: “RECONSTRUCCIÓN –RECONCILIACIÓN” [1], fase que nos tomará algunos meses y en la que el objetivo será mantener la ESPERANZA como una decisión constante, reanudar nuestra vida partiendo de la nueva realidad y finalmente llegar a la cima de la montaña en donde nuestra visión cambiará por completo y en donde muy seguramente ¡no llegaremos siendo los mismos!. ¿Qué crees que verás cuando llegues a la cima?


Escalar una montaña a veces puede verse fácil, por otro lado, el nivel de dificultad puede depender de nuestra preparación para hacerlo y de los recursos que tengamos para lograrlo. En este caso en donde esa montaña simboliza la etapa final para salir completamente de un periodo de crisis, diría yo, que tal vez no sea la montaña más alta pero si será una de las más difíciles que tendremos que escalar en nuestras vidas.


Yo siempre he pensado que nuestra mirada debe estar puesta en el objetivo o propósito final, un ejemplo: puedes estar trabajando lavando platos todos los días, porque deseas en 6 meses comprarte un auto; lavar platos muy posiblemente no es tu trabajo ideal, ni favorito, pero será lo que te permitirá comprarte ese carro que tanto deseas. Ahora, tienes dos opciones: puedes trabajar en esto y renegar todos los días sobre tu trabajo y quejarte de lo horrible que es, o puedes disfrutarlo y amarlo, pensando que cada plato que laves te está llevando a estar más cerca de ese auto con el que tanto sueñas. Con ambas opciones lograrás tener el auto, pero solo con una, habrás disfrutado el proceso de obtenerlo.

En otras palabras como dijo Charles R. Swindoll “Cuanto más vivo, más me doy cuenta del impacto de la ACTITUD en la vida”

Y es que es precisamente eso, “La actitud” la que será fundamental para lograr nuestro objetivo. La semana pasada en la fase III, empezamos el ascenso de esa montaña, ahora debemos fijar nuestra mirada en ese objetivo que es la cima, necesitamos quitar la montaña de enfrente de nuestros ojos, pues es necesario poder ver qué hay al otro lado, así que disfrutemos el camino.

No sabes cuánto me alegra que estemos en este punto, sin embargo sé que hay muchas personas que aún no logran salir del valle, no logran salir de la oscuridad y no logran ni siquiera ver algún rayito de luz; es más puede ser también que ya no estén en el valle, pero que se sientan estancadas, pues aunque quieren subir la montaña, literalmente sienten que no pueden. A estas personas quiero dedicarles estas próximas palabras:

  • Es importante una vez más recordar, que las crisis son para cada persona diferentes, como les expliqué la crisis NO es la tragedia, sino la falta de recursos de cada persona para enfrentar el gran problema; por lo tanto, NO TE COMPARES con nadie, pues nadie siente tu dolor como tú mismo y cada vida es un proceso, así el detonante o la tragedia haya sido la misma.

Ejemplo:

“El esposo de María murió hace un año, ella ya está completamente sana, ya no llora, se volvió a casar, etc.” En cambió yo, “llevo más de 5 años y todavía me duele como si fuera ayer, no hay día que no llore, no concibo la idea de volver a casarme, no creo poder superar este dolor”


Misma tragedia, diferentes personas, diferentes recursos, diferentes resultados. No puedes medirte comparándote con alguien más y menos en cuestión de crisis. Tu vida, tu mundo, tu proceso y tu dolor son únicos.

  • Si consideras que llevas mucho tiempo en el mismo punto, que has intentado encontrar recursos dentro de ti y a tu alrededor, pero en definitiva todo ha sido inútil y no te sientes con la capacidad, ni las fuerzas para lograr salir; creo entonces que es momento de buscar verdaderamente una ayuda profesional, pues lo que está pasando es que si dentro de ti no has logrado tener las herramientas para superar esta u otras crisis anteriores, muy seguramente es porque no las tienes, sino que por el contrario “puedes tener experiencias traumáticas o necesidades interpersonales que persistentemente no son satisfechas durante periodos cruciales de nuestro desarrollo y que por lo tanto pueden producir bloqueos en la capacidad del sistema adaptativo de procesamiento de información[2]. En mis palabras es como si tuvieras una apendicitis y estuvieras pidiendo ayuda en una droguería o auto-medicándote esperando sanarte y lo que necesitas es ir a una sala de urgencias, que te hagan exámenes, que te vea un médico cirujano que pueda emitir un diagnóstico y por supuesto realice una cirugía y demás tratamientos. Necesitas sanarte, así como hay especialistas para sanar los dolores físicos, de igual manera los hay para sanar los emocionales y aún más profundo está quien creó a los dos anteriores y además quien puede sanar tu alma.


  • Dicho esto, una vez más no te compares con nadie. Es cierto que afuera puede haber muchas personas con peores dolores o heridas que las de nosotros, pero la realidad es que, aunque veas a alguien con un brazo roto, las piernas y costillas rotas, así tú solo tengas un dedo pulgar roto, finalmente tu dolor es tu dolor y tu dedo no dejará de dolerte porque alguien tenga rotas más cosas que tú. “Las heridas no duelen por su gravedad, simplemente duelen cuando están en nuestro cuerpo.”

Si tú conoces a alguien que se encuentre en este estado, que lleve años intentando superar alguna crisis, o que lo sucedido sea tan difícil como la muerte de un hijo o algún suceso traumático; por favor nunca le digas frases como estas: ¿Cuántos años más quieres seguir ahí?, ¡Ya supéralo!, ¿Toda la vida de luto?, etc. Mejor ayúdale a buscar ayuda y sé un apoyo para esa persona.


Perdón por el paréntesis pero debía escribir esto.


Bien, entonces volviendo a nuestro objetivo de llegar a la cima y darle fin a esta temporada de crisis, quiero contarles que aunque físicamente solo recuerdo haber escalado una montaña en toda mi vida, emocionalmente en mi crisis escalé la más grande que he tenido hasta el momento, así que por acá les dejo las tres cosas que pude experimentar cuando llegué a la cima de mi montaña, cuando pude por primera vez mirar desde arriba ese valle y no sentir dolor, cuando pude observar el camino recorrido y entender que TODO HABÍA VALIDO LA PENA, cuando pude gritar con todo mi corazón, ¡¡BENDITA CRISIS QUE ME TRAJO HASTA AQUÍ!!


¡¡Hay una cima esperando por ti, ve y conquístala!!


Cuando llegué a la cima pude ver:

1. Una visión amplia

Cuando uno quiere llegar a una cima, creo que de las cosas que más se anhela es pensar en la vista que podrá disfrutar. Cuando yo sentí que estaba lista y decidí comenzar a subir esa montaña, de las cosas que más deseaba, era pensar en cómo iría a ser mi visión desde allá arriba.

Llegar a la cima para mí, fue poder disfrutar de una vista que pensé que nunca más volvería a ver, fue ver nuevos caminos, nuevos horizontes, pude ver de nuevo los sueños que llevaba dentro de mí, pude entender que la única manera para haber llegado hasta ahí, era haber tenido que atravesar ese valle, pude ver que había una inmensidad de tierra por conquistar, mejor dicho “PUDE VER”.


La cima es ese lugar en donde los montañistas gritan de emoción, sienten un éxtasis incomparable, es el lugar en donde se sientan a contemplar el paisaje y en donde así este nublado, la alegría no se va. pues la cima es la cima y nunca habrá vista igual que la que se ve desde allí.

Fue en esa cima en donde la ESPERANZA se hizo real, de verdad allí pude ver que mi vida en realidad sí podía seguir, pude ver que había un futuro para mis hijos, pude ver que acabada de pasar un entrenamiento para mi propósito de vida y que el dador de los sueños estaba listo para hacerlos realidad.


En negocios, de las primeras cosas que te hacen escribir o redactar cuando quieres comenzar una empresa, es la visión, ¿a dónde quieres llegar?, ¿cuál es la imagen a largo plazo que quieres ver?. La visión puede ser ambiciosa pero realista. La visión la creas pensando en el futuro, en cómo te quieres ver más adelante; con toda seguridad la puedes establecer mucho mejor si estás en un punto alto en donde puedas ver mejor el panorama. ¡Llega a la cima de tu montaña!, y como ya te lo mencioné en el post anterior, las mejores ideas, los mejores inventos, y las mejores empresas, han surgido de los momentos de crisis, así que te animo a conquistar esa cima y a ampliar tu visión!


Myles Munroe dijo: “cuando logre situarse por encima de los conflictos, su perspectiva de los acontecimientos será mucho más amplia. Allá arriba el aire es mucho más puro”

Entonces RESPIRA, guarda esa imagen de lo que viste en esa cima, pues a partir de ahí, podrás establecer tu visión, desde esa nueva perspectiva ya puedes ver que hay todo un mundo por seguir conquistando, que hay muchos caminos, guarda esa imagen pues con ella en tu mente podrás trazar un camino y comenzar de nuevo.

2. De lo que soy capaz

Cuando uno se encuentra en el inicio del ascenso, solo mira esa montaña y piensa: ¡espero poder lograrlo!, de corazón anhelas llegar a esa cima, pero la realidad es que no te sientes 100% confiado de que así será, sin embargo, miramos atrás y por mero instinto emprendemos la subida, pues hacia atrás no queremos regresar.


Es muy normal que no sintamos las fuerzas necesarias para hacerlo. Recuerden de dónde venimos: noches sin dormir, ansiedad, mucho llanto, poca comida, realmente si fuera por estar en un buen estado físico o en un buen momento, tal vez sería el menos indicado para querer alcanzar una cima. Pero también recuerden que ya conocimos lo que significa la esperanza y decidimos comenzar a tenerla; evidentemente ese estado de ánimo, el creer que sí podía y por supuesto (en mi caso) el tener a Dios en mi vida, fueron determinantes para lograr esa cima.


Al llegar a la cima pude darme cuenta de mis capacidades, pude celebrar, pude llorar de alegría, pero sobre todo pude admirarme por haberlo logrado.

Descansas; comentas y admiras el haberlo logrado, es como cuando te miras y te dices a ti mismo: ¡si pudiste con esto, puedes con lo que sea!

3. Sola no hubiera podido

Al igual que en la escalada, en la cual intentar un pico o una cima en equipo siempre será más seguro que decidir hacerlo solo pues lo mismo sucede cuando quieres superar una crisis; puedes intentar hacerlo solo, pero ¿qué pasará si caes?, ¿habrá alguien a tu lado para ayudarte a levantar?. Recordemos que uno de los recursos más importantes que debemos buscar cuando pasamos una crisis, son las personas que tenemos a nuestro alrededor y en esta fase de ascenso no será la excepción que las necesites. Por favor busca una cordada (grupo de alpinistas que se sujetan de una misma cuerda) y lleguen a esa cima juntos. Varios escaladores han intentado hacer cimas solos y esa decisión les ha costado la vida a muchos, pues de haber estado con alguien, el final hubiera sido distinto.


Yo no me imagino haber pasado este proceso de mi vida sin las personas que más amo y que me aman,o me imagino cómo me hubiera levantado cada vez que me caí, o cómo hubiera seguido cuando no quería continuar. Dios puso a mi lado seres maravillosos, que fueron mi mejor cordada y por supuesto que fueron la mano, el abrazo, el hombro, la sonrisa, en fin, la manifestación más real del amor de Dios sosteniendo mi vida. Cómo quisiera decirte que bajará un ángel y te ayudará en medio de esa montaña y que milagrosamente aparecerás en la cima, pero NO, eso NO pasará así, lo que SÍ pasará es que podrás subir esa montaña acompañada de todo aquel que consideres será un apoyo para ti en el ascenso, toda persona que te recordará tu valor y tus grandes capacidades para hacerlo y finalmente cuando pises la cima, podrás mirar a tu alrededor y ver que Dios no envió un ángel a ayudarte, sino muchos de ellos; verás que el cielo no se abrió en dos para bajar a tu rescate, pues tu rescatista siempre estuvo caminando a tu lado, verás que no llegaste sola hasta ahí y podrás decir ¡LLEGAMOS A LA CIMA!.


Ese momento sublime de llegar a la cima, yo creo que lo experimenté aproximadamente hace como 7 meses atrás. Fue un periodo de tiempo en donde me llené de alegría al por fin sentirme establecida en mi nueva ciudad, poder sentir que pertenecía a este lugar, que ya podía entonces establecer metas claras, trabajar en mis sueños, reanudar mi vida por completo! Qué sensación tan increíble! (meses atrás cuando pensaba en ir a mi casa, ni siquiera podía ubicarme en algún lugar y eso me hacía sentir muy desorientada). Llegar a la cima, llorar de emoción, abrazarte con tu equipo y poder gritar ¡LO LOGRAMOS! es algo completamente maravilloso y sé que tú también lo lograrás.


Es en la cima en donde normalmente tomamos las fotos, ponemos nuestras banderas o dejamos algo que nos pertenezca para decir: ¡Aquí estuve Yo!, de igual manera debe pasar con nuestras crisis, cuando ya estamos allá arriba podemos decir con orgullo ¡Aquí estuve yo!, no me quedé en el valle, sino que subí y aunque estoy cansada y agotada pues la jornada ha sido extenuante, ¡lo logré!


Seguramente, para ti será un orgullo que otros sepan que allí estuviste, pero lo más importante es que tu nunca lo olvides, pues más que llegar a la cima, fue todo lo que pasó en ese camino que hoy te hará ser quien eres y que, en mi caso, hoy ha hecho que me encuentre acá escribiéndote y compartiéndote lo que para mí fue coronar esa cima.

Llegar a la cima es que puedas recordar la historia que queda detrás de la foto y también los recursos que te permitieron llegar ahí; evalúa lo que te sirvió y lo que no, pues seguramente en la vida vendrán más valles, pero también vendrán más cimas por conquistar. Algunas serán tuyas, en otras, será tu turno de ser compañera de equipo, sea lo que sea, lo importante es que ya un día llegaste acá y eso jamás se olvida.


Llegar a la cima es poder decir gracias Dios por esta crisis que pasé. No significa que estés dando gracias por la tragedia o por el dolor, significa que estás dando gracias por lo que nació, por lo que surgió, por lo que aprendiste o mejor aún, por quien eres ahora después de ese proceso, pues no se entra a un valle y se escala una montaña sin salir transformados.

Bien, llegamos a la fase final. Cómo quisiera que todas las personas llegaran a esta fase cuando hay crisis, por eso les animo a que en donde sea que se encuentren en medio de su crisis, busquen recursos, ayuda muy profesional si es necesaria, busquen en su interior y rescaten todo lo que les pueda servir para superarla, tomen muy buenas decisiones en pro de llegar un día a esta cima, en donde con mi corazón les puedo decir, que TODO absolutamente TODO se ve diferente, real pero diferente.


Por último, si alguien me preguntara si tuve algún secreto o fórmula mágica para superar esta crisis de mi vida, le diría que sí y que no solo estoy segura que fue mi secreto para esta crisis, sino que lo será para todo lo que haya de venir en mi vida.

En estas palabras se las diré:


“Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa NO SE DERRUMBÓ porque estaba cimentada sobre la ROCA. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa. Esta se derrumbó y grande fue su ruina.” Mateo 7:24-27