EN SUS BRAZOS…



Que difícil es decidir enfrentar un cambio en nuestras vidas, un cambio que por lo general trae incertidumbre, pérdidas, dolor y sobre todo mucho miedo. Miedo que muy seguramente no quisiéramos sentir pero la realidad es que es inevitable no sentirlo, y es que ¿Cómo no sentir miedo cuando solo ves oscuridad, tristeza o dolor?, ¿Cómo no sentir miedo cuando no tienes la menor idea de lo que viene para tu vida?, ¿Cómo no sentir miedo si muchos días sientes que no tienes fuerzas para continuar?


Crees que la palabra Esperanza no es para ti y mucho menos crees que de todo este momento saldrá algo bueno. Sin embargo, ya entendiste que a este cambio llámalo como sea el tuyo (abandono, engaño, enfermedad, muerte, quiebra, tragedia, divorcio, rupturas, etc.), tienes que enfrentarlo de cara, mirándolo a los ojos, quizás con el corazón arrugado, a lo mejor con muchas noches sin dormir, posiblemente temblando de susto pero ante todo habiendo decidido que vas hacia delante.


Cuando decidimos enfrentar un cambio gastamos mucho tiempo dándole vueltas a todo lo que pasó, nos acostamos muchas veces esperando que al otro día al levantar, todo haya sido producto de una pesadilla. Pensamos, pensamos y seguimos pensando, nos preocupamos, sentimos que es imposible encontrar paz.


Cuando yo estuve en ese momento, descubrí algo que aunque todos lo sabemos, cuando estamos en medio de una transición o de una prueba, no es tan fácil de procesar y ese algo es que: NO PODEMOS CAMBIAR LO QUE PASÓ.


Podrás gastar horas, días, meses e inclusive años y nada hará que cambie lo que pasó, pero no te sientas mal, porque no es fácil de asimilar que tu vida cambie de repente, no es fácil entender que ahora todo es diferente, no es fácil aceptar que es una realidad.


Después, cuando ya comenzamos a abrir nuestros ojos, entonces comienza la siguiente lucha, ¿Cómo no preocuparnos?, ¿Cómo no hundirnos en la depresión?, ¿Cómo no estresarnos?, ¿Cómo no afanarnos? Y es que, no caer en todas las anteriores tampoco es fácil, porque somos humanos y queremos controlar, encontrar salidas, soluciones, expresiones, etc., y creemos que haciendo esto algo pasará.


Yo llegué a un momento de mi vida en el que sentí que había agotado todos mis recursos, todos mis intentos, mis fuerzas, mis pensamientos, mis sentimientos y hasta mi angustia y fue cuando entendí estos versos de la biblia que dicen así:


“¿Creen ustedes que por preocuparse mucho vivirán un día más?-Si ni siquiera esto pueden conseguir, ¿Por qué se preocupan por lo demás? Lucas 12:25-26


En este punto de mi vida cuando entendí que ni siquiera podemos devolver un segundo del tiempo, cuando entendí que lo que había muerto se quedaría así, cuando comprendí que lo que se fue, se fue y que por más que yo quisiera regresarlo no lo iba a lograr; cuando entendí que si no hacia algo, la gastritis iba a terminar con mi estómago y mi cuerpo tratando de pensar en lo que vendría; cuando entendí que solo había una manera de pasar por los cambios y por ende, por todo lo que viniera para el resto de mi vida, es cuando tomo la decisión más importante y trascendental, que fue: ¡SOLTARME EN LOS BRAZOS DE DIOS!


Jamás me arrepentiré de haber tomado esta decisión, porque en donde tú ves una tragedia, un dolor, en mi caso en donde yo veía un plan de emergencia, de último recurso, de salida, de sobrevivencia, en los brazos de Dios no es más que un plan supremo, perfecto, transformador y un cambio del que te aseguro que no saldremos iguales.


Por eso hoy, si tu estás frente a un cambio en tu vida y quieres enfrentarlo y transformarte junto con el, es el momento de pensar y decidir cómo vas a vivir este cambio.


Yo hoy te contaré cómo es vivir un cambio estando en los brazos de Dios.


Acompáñame…


1. En sus brazos…puedes Confiar

Creo que la mejor manera como puedo expresarles este punto es pensando en cuando subimos a un avión. La mayoría de nosotros no tenemos ni idea como pilotearlo, no sabemos ni como encenderlo, ni moverlo y mucho menos hacerlo volar; sin embargo, tomamos el vuelo porque aunque nos dé algo de susto queremos llegar al lugar de nuestro destino.


Aunque seguramente sería muy bueno saber pilotear un avión, el no saberlo no nos impide tomarlo porque a pesar de no saber el nombre del Capitán que lo hará, ni cuántos años de experiencia tiene, ni en dónde estudió, sencillamente confiamos en que esta persona sabe lo que hace y que por lo tanto, nos llevará de manera segura hasta tocar tierra de nuevo. Por otro lado además de tener el conocimiento, el piloto va en la cabina frontal, en donde tiene una visión increíble de las pistas y del cielo; adicional a esto cuenta con un radar que le muestra y le avisa todo lo que sus ojos no alcanzan a ver o a prever, por si fuera poco, está en completa conexión con una torre de control llena de expertos que no solo le prestan apoyo y asesoría a ese avión sino a los cientos que están volando al mismo tiempo; y el saber todo esto hace que millones de personas cada día tomen aviones pues confían en quienes los llevan de un lado a otro.


Bueno, tal cual es vivir un cambio en los brazos de Dios, cuando tú decides enfrentar tu cambio, moverte para superarlo y sobrepasarlo, tienes claro que quieres moverte del punto A (en donde estás ahora) al punto B (en donde quieres estar, sin dolor, sin tristeza, sin rabia, sin enfermedad, sin luto), y entonces ahí es cuando decides confiar en que Dios será quien te llevará de un punto a otro, que será tu guía, ese piloto que te tomará de tu lugar de origen y te llevará a tu lugar de destino, y mientras tanto…de verdad, literal TÚ, CONFÍA, DESCANSA, SUÉLTATE, ÉL TIENE EL CONTROL DE TODO Y LLEGARÁS A SALVO.


Yo pude confiar en Dios y soltarme en sus brazos cuando entendí que lo que yo intentaba ver por una pequeña ventanilla, Él lo podía ver a través de una ventana gigante, además podía ver toda la ruta que tomaría mi vida y sobre todo podía ver TODO LO QUE ME ESPERABA cuando llegara a mi destino, ¿No es Maravilloso?


Pero nosotros insistimos en querer llegar al punto B en nuestras fuerzas, desde nuestra ventanilla, con nuestros conocimientos, con nuestra visión limitada.

Créeme, es mejor confiar en quien TODO lo puede y TODO lo sabe!

2. En sus brazos…encuentras Paz

Sí, aunque todo a tu alrededor sea un caos, aunque todo en tu interior sea otro caos, en sus brazos encuentras paz.

Yo creo que la paz va completamente ligada a la confianza, cuando tú confías estás tranquilo, no te afanas, no sientes miedo, porque te sientes seguro, en otras palabras, para mí la paz llegó una vez decidí soltarle mi vida a Dios, es decir, funciona así:


Cada vez que llega el dolor, la desesperación o el cansancio, en ese momento recuerdas que todo eso es momentáneo, que terminará, recuerdas que vas en un viaje y que sobre todo confías que vas en los brazos de quien mejor puede cuidar tu vida.


A diario escucho a las personas expresando sus dolores, “se fue y me dejó y yo lo amo”, “Nunca superaré que ya no esté”, “ ¿Por que tuve que enfermarme?”, “El dolor no se va, ya no tengo más lágrimas”, “Mi mundo se acabo”, yo solo puedo decirles que aún Jesús cuando estuvo en su momento de mayor dolor se sintió solo, abandonado, destrozado y cada vez más cerca de la muerte y en todos esos momentos hubo algo que lo mantuvo firme hasta el final y eso fue que Él confiaba en su Padre y Él sabía que después de morir volvería a vivir y ahí se habrían acabado sus lágrimas, su dolor y su sufrimiento.


Tú volverás a vivir, porque ese es el plan de Dios para tu vida, así que cuando estés en medio de tu dolor, en medio de la incertidumbre, adora a Dios y allí encontrarás la paz.

3. En sus brazos…encuentras Refugio

Yo escribí una canción que se llama “Me suelto en tus brazos” (algún día se las cantaré), hay una parte que me fascina y dice así:

“Me suelto en tus brazos, puedo reposar; no hay mejor abrazo que el que tú me das …”


Y es que eso ha sido para mí el haberme soltado en sus brazos. Tener un refugio seguro, a donde puedo ir a toda hora, en todo momento o mejor aún del que nunca me alejo, en donde me quiero quedar!


Yo sé que no es fácil sentirnos solos, yo sé que los cambios nos estremecen, nos mueven, nos sacan de nuestra zona de confort, yo sé que para muchas personas no es fácil creer en un Dios, pero hoy quiero invitarte así como le dijo Jesús a Pedro cuando quiso caminar sobre las aguas:

Inténtalo, que lo peor o más bien lo mejor que te puede pasar es que terminarás en los brazos de Jesús!


Confianza, Paz y Refugio ¿Qué más necesitas mientras pasa la tormenta?


Si hasta acá has dicho “todo eso suena muy bonito”, ¿Pero cómo se hace?


Acá te lo voy a responder, una vez más con mi ejemplo del avión. Cuando tú ves un avión en el cielo lo ves demasiado pequeño, parece un punto allá arriba que pareciera que nadie pudiera ir en el. Cuando vas al aeropuerto te das cuenta que de pequeño no tiene nada y que por el contrario es un artefacto que mueve a cientos de personas de un lugar a otro; pero cuando estás dentro de el, definitivamente puedes experimentar lo que se siente viajar en un avión, su fuerza, su increíble capacidad para volar a pesar de las toneladas de su peso y te parece sorprendente.


Bueno lo mismo pasa con Dios, cuando tú ves a Dios como ese ser lejano que está allá en el cielo, no tienes ni idea de lo que puede hacer; si te acercas un poco a Él quizás podrás admirar mejor sus cualidades y sus atributos, pero indudablemente cuando tú decides sumergirte en su amor, dejarte enamorar, sanar, cargar, liberar, restaurar y resucitar, solo allí entenderás que todo era cuestión de distancia, porque solo te puedes soltar en los brazos de alguien cuando sus brazos están allí, cerquita, detrás tuyo listos para recibirte.


Esto es vivir un cambio en sus brazos


Desde mi Alma hacia la Tuya

Adry

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