De la queja al agradecimiento…

“La gratitud convierte lo que tenemos en suficiente”



Si algo me ha dejado el poder ver con mis propios ojos las realidades de otras personas eso sería: la lección de aprender a  agradecer.


El agradecimiento es una acción que implica nuestra decisión, pues no siempre surge voluntariamente. También es una acción que hemos determinado que solo aplica para ciertos momentos u ocasiones. Por otro lado, la queja pareciera ser un poco más espontánea en nuestra vida, es como si fluyera de manera natural ante todo lo que nos incomoda, nos desilusiona, nos duele, nos falta, nos sobra, etc. Lo peor es que en muchos casos se vuelve parte de nuestra postura de vida, de nuestro hablar y de nuestra actitud diaria.


Los humanos somos una especie no muy fácil de satisfacer o saciar, y es que precisamente creo que ahí radica todo, pues la pregunta es:


¿Por qué creemos que tenemos que estar satisfechos o plenos todo el tiempo?


Es como si pensáramos que todos los huecos, obstáculos, imprevistos, murallas, tormentas y demás que aparecen en nuestro camino fueran nuestros enemigos y entonces ahí es cuando aparece la tan famosa QUEJA, la que de alguna forma creemos que tenemos el derecho de decirla porque es la forma de expresar que algo está estropeando nuestro camino hacia la plenitud.


Sin embargo, la queja no cambia realidades, tampoco soluciona problemas, mucho menos nos da calma en medio de las tormentas, ni nos llena de fuerzas para poder atravesar murallas, en fin, la queja, aunque es la opción más fácil cuando no pasa lo que queremos, o cuando no ganamos, o cuando no obtenemos lo que buscábamos, la realidad es que no trae nada bueno a nuestras vidas, por el contrario nos llena de amargura, de tristeza, muchas veces de rencor, mejor dicho nos roba vida.


Yo estoy segura que todos nos quejamos todos los días, por alguna o algunas razones, por simplicidades o por complicaciones, pero que nos quejamos nos quejamos. También estoy segura que en algún momento hemos comparado nuestra vida con las de otras personas, lo más seguro es que las comparemos con la vida de las personas que tienen lo que nosotros “creemos que nos falta” y entonces, en ese momento automáticamente nuestra frustración aumenta, nuestra queja empeora y nuestro agradecimiento se esfuma.


En mi vida creo que descubrí dos cosas maravillosas frente a la queja:


La primera es que no me ayuda en nada y la segunda, que la puedo transformar en agradecimiento; yo sé que suena demasiado extraño y complicado, es más, parecería absurdo pensar que algo por lo que me estoy quejando se pueda volver en un motivo para agradecer, pero debo decir que en mi caminar, he podido comprobarlo, es más, como lo mencioné al comenzar este post, las vidas y las historias de muchas personas son la lección más grande de que esto es posible.


Así que por todo lo anterior, hoy les quiero compartir lo que yo hice o mejor, lo que yo entendí para poder transformar la queja en agradecimiento, aquí vamos!



Yo pude cambiar mi queja en agradecimiento:


1. Cuando entendí que tengo más de lo que imaginaba


Es increíble cómo nuestra mente humana siempre busca compararse y aunque por lo general es dañino porque lo hacemos para sentirnos mal por todo lo que no tenemos o para pensar en la vida “perfecta” que tienen muchos pero que yo nunca tendré; hoy quiero contarles que a nivel personal le encontré un lado maravilloso a la comparación, sí, a esa comparación que me permite encontrar que mi realidad o mi situación, la que muchas veces creo que es terrible, simplemente sería el escenario ideal de alguien más.


Estamos acostumbrados a ver el punto negro de nuestra pared blanca, ese punto nos frustra, nos entristece, nos produce mal genio muchas veces, hasta que por un momento volteamos a ver las paredes de otros y nos damos cuenta que en muchas ocasiones nuestros puntos negros en la pared de otros no son ni siquiera una pequeña porción de la gran mancha que se encuentra en sus paredes y en esos momentos, como por arte de magia (o al menos así me pasa a mí) me parece que mi punto negro no es tan grave, puedo ver de forma distinta mi gran pared blanca en donde en ese instante inclusive pareciera que el punto negro ya ni se ve.


Por lo anterior, es que a nivel personal, cada vez que aparece un punto negro (según mi percepción) en mi pared creándome automáticamente una “queja” enseguida comienzo a recordar las otras paredes o mejor, los otros puntos negros y de esa manera mi queja la convierto en agradecimiento, pues una vez más entiendo que si hubiera la oportunidad, estoy segura que muchas personas darían lo que fuera por tener mi pared con mi punto negro.


El que tiene una familia hermosa pero se queja por falta de dinero quizás no sepa que un millonario daría todos sus millones por tener su familia y no tener que comprar compañía; el que tiene salud y se queja porque se quedo sin trabajo, quizás no sepa que una persona con una enfermedad terminal daría lo que fuera por unos años más de vida; el que trabaja muy duro se queja por no tener descanso, quizás no sepa que un padre o una madre de familia anhelarían tener trabajo para darle de comer a sus hijos; aun los niños que pueden ir todos los días a un parque o comerse un helado, quizás no sepan que en el mundo hay millones de niños deseando algún día conocer un parque porque desde que nacieron solo conocen los pasillos de un hospital, en fin, podría quedarme mencionando muchas situaciones, pero el punto acá, por si aún no se ha entendido, es que nosotros podemos transformar nuestras quejas en agradecimiento cuando dejamos de pensar solo en nosotros, en nuestro pequeño mundo, cuando levantamos nuestra mirada hacia los lados, hacia nuestros vecinos, aun hacia los que no conocemos y entonces, en ese momento, solo en ese momento podremos reconocer que no todo es tan malo, que nuestras tragedias no son tan trágicas, que nuestro dolor es superable, es decir, que nuestra pared tiene más blanco del que imaginamos.


Yo he hecho este ejercicio con mis hijos cuando lloran por banalidades, no es que no valide sus emociones, por supuesto que los escucho y les consuelo por sentirse como se sienten, pero seguido de esto, les hablo de la realidad de otros, les cuento historias de personas o de otros niños que no tienen ni un par de zapatos o que están enfermos, después de hablarles de esto vuelvo y les pregunto:


¿Consideras que es tan malo lo que te pasó?, ¿Realmente crees que necesitas eso por lo que te estás quejando o llorando?, ¿Crees que puedes vivir sin eso?


En seguida me responden:


“En realidad soy muy privilegiado por lo que tengo, es más, tenemos más de lo que necesitamos, realmente no vale la pena llorar por lo que estaba llorando, mejor le doy gracias a Dios por todo lo que sí tengo”


De este modo, entender que tengo más de lo que imaginaba, me permite cambiar mis quejas en agradecimiento.


“Nada me falta cuando soy feliz con lo que tengo”


Yo pude cambiar mi queja en agradecimiento:



2. Cuando entendí que detrás de cada situación hay un propósito


¿Han escuchado esas historias cuando las personas pierden un vuelo y el avión sufre un accidente?


Por lo general, en el momento en que se pierde un vuelo en el que supuestamente teníamos que ir pues así lo habíamos planeado, aparece la queja, la rabia, la frustración, etc.; muy seguramente nos pondríamos a pensar en todo lo que debimos haber hecho para no perder ese vuelo, además le diríamos a Dios que por qué no nos ayudó a no perderlo, o que por qué no hizo algo para que nos esperaran, en fin. Pero, quisiera que pensarás por un momento en algo:


¿Qué saldría de nosotros cuando recibimos la noticia que el vuelo que perdimos acaba de sufrir un accidente y todas las personas a bordo fallecieron?


Estoy segura que en lo primero que pensaríamos es que fuimos privilegiados, estoy segura que miraríamos al cielo y diríamos “Gracias Dios mío por salvarme”, estoy segura que daríamos gracias por el tráfico que hubo camino al aeropuerto, o por haber olvidado aquel objeto que nos hizo devolver y hacernos llegar tarde, estoy segura que la queja desaparecería pues habremos entendido que lo que para nosotros fueron imprevistos, retrasos, cosas que no debieron pasar, etc., para Dios fueron las circunstancias perfectas para salvar nuestra vida.


Bien, creo que lo mismo pasa en nuestro día a día, sé que es difícil entender o verle un propósito a las situaciones que no salen como nosotros quisiéramos, pero una vez más ¿de qué nos sirve a nosotros querer que todo salga según nuestra voluntad, cuando no conocemos lo que en realidad es mejor para nosotros?


Para mí, entender que detrás de cada situación hay un propósito de Dios me ayudó inmensamente a cambiar mi queja en agradecimiento, pues simplemente el poder ver la vida desde esta perspectiva me ayudó a saber que nada es casualidad; que llegar tarde no siempre significa no estar a tiempo; que los finales son nuevos comienzos; que las pérdidas abren espacios a nuevas bendiciones; que los obstáculos se convierten en herramientas para crecer; que cuando creo que Dios no me escucha o me ha dejado, es cuando más me ha tenido entre sus brazos; que lo que yo puedo ver como lo peor que me pudo pasar en mi vida, en un segundo se puede transformar en una oportunidad única para seguir con vida y cumplir un propósito.


Qué rápido puede cambiar todo, no es imposible cambiar nuestra queja en agradecimiento, solo es necesario entender que hay un propósito en cada situación por pequeña que sea. Cuando logras entender esto y lo estableces como un hábito en tu vida, entonces, al igual que cuando nos dan la noticia de que nos acabamos de salvar de morir, podrás agradecer por todo lo que haya pasado, estés pasando o vayas a pasar, pues tendrás la seguridad de que hay un Dios que sí lo ve todo y que tiene un camino preparado para ti.


Yo pude cambiar mi queja en agradecimiento:


3. Cuando entendí que siempre hay algo por lo cual agradecer


Sé que a veces creemos que no tenemos nada por lo cual dar gracias y es que ahí estamos de nuevo nosotros viendo nuestro punto negro de la pared y no viendo nuestra gran pared blanca. Pero también sé que en algunas ocasiones solo vemos una pared negra, es decir sin nada de blanco, solo problemas, solo dolor, solo tristeza y decepción, es muy posible que sientas que todos los males te llegaron al mismo tiempo, o que no acabas de superar un dolor cuando llegó otro, o que en tu mundo solo hay tragedias y soledad; sin embargo, aunque eso aparente ser lo que tú ves no quiere decir que el blanco no esté allí, tampoco quiere decir que la pared no se pueda volver a llenar de blanco, es decir, no solo los puntos negros aparecen, también los blancos se pueden pintar cuando creemos que fueron cubiertos.


Te voy a mostrar cómo: si tú hoy me estás leyendo en primer lugar quiere decir que estás vivo y que no haces parte de las casi 150.000 personas que han muerto hoy, si pudiste comer también significa que no perteneces a las 25.000 personas que murieron el día de hoy por hambre, adicional a esto quiere decir que no haces parte de los 285 millones de personas que tienen discapacidad visual en el mundo, también quiere decir que no perteneces a los casi 3.500 millones de personas en el mundo que no tienen acceso a internet, por si fuera poco, tuviste la oportunidad de aprender a leer, también tienes un dispositivo tecnológico en tus manos, en fin…


¿aún crees que todo es negro en tu vida?, ¿aún crees que no hay motivos para agradecer? acá me puedo quedar dibujándote puntos blancos en tu pared negra


Cuando nosotros entendemos que siempre hay algo por lo cual agradecer es porque logramos entender que aún tenemos tesoros que otros anhelarían con todas las fuerzas de su ser, o si no pregúntale a una persona que esté a punto de morir lo que daría por un paseo más, por un minuto más con sus hijos, por una última cena, por un abrazo que no recibió, o pregúntale a un ciego cuanto daría por tener al menos uno de tus ojos, o pregúntale a un sordo si no daría un riñón por tener un oído, o pregúntale a una persona en diálisis si no daría un oído por tener un riñón, siempre habrá algo en nosotros que otra persona anhelaría tener y por eso deberíamos estar agradecidos, porque son tesoros que aún nos quedan, porque si aun estamos con vida es porque aún hay propósitos por cumplir.


Hoy quiero invitarte a que decidas cambiar tu queja por agradecimiento, a que a partir de hoy puedas agradecer que tienes más de lo que imaginabas, que puedas agradecer porque entiendes que detrás de tu situación hay un propósito y que puedas agradecer, porque estoy segura que siempre habrán puntos blancos (tesoros) por los cuales sentirte agradecido.


Practícalo y me cuentas. A mí me cambió la vida!


Desde mi Alma hacia la Tuya


Adry





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