¿Por qué me cuesta perdonar?

Actualizado: 20 de may de 2019



Al parecer ya conozco toda la teoría, ya sé lo que verdaderamente es el perdón, he entendido que la falta de perdón me puede estar enfermando no solo el alma, sino también mi cuerpo. He entendido que es una decisión y un sentimiento por amor a mí y para mi beneficio, es decir ya sé que es una de los mejores pasos que debo hacer si quiero sanar mis heridas, pero sinceramente, aunque entiendo toda esa información, siento “que no puedo perdonar”.


Es como si tuviera toda la teoría procesada en mi cerebro, pero en realidad no encuentro la manera de ejecutarla o hacerla práctica en mi vida. Bueno debo decirte que en varios momentos de mi vida me sentí así y no entendía por qué no podía hacerlo. Hoy después de haberlo practicado tanto, de haberlo recibido también, de haber conocido y visto ejemplos de perdón admirables, he podido sacar algunas conclusiones del por qué nos cuesta o por qué sentimos que no podemos perdonar.


Pareciera raro pensar que nos cueste hacer algo que nos traerá un bien. Es como si me preguntaran: ¿Te quieres ganar la lotería? y yo respondiera: “pues si quiero, pero déjame pensarlo”, ¿suena ilógico verdad?, aunque no lo creas, esto mismo es lo que nos pasa con “El perdón” es una gran lotería, solo que eso lo logramos ver cuando damos el paso de hacerlo, de darlo, de otorgarlo y sólo en ese momento, cuando recibimos ese premio mayor es cuando podemos decir: “De haber sabido que me esperaba este gran premio, hubiera perdonado hace años”.


Bien, en este post quiero compartirles las conclusiones que yo saqué del Por qué sentimos que no podemos perdonar. La idea es que las analices junto a mi y pienses si te identificas con alguna o algunas de ellas y así poder actuar y tomar decisiones frente a ellas, pues nos están impidiendo tener acceso a nuestra libertad, a nuestra sanidad, a nuestra paz, a nuestro premio mayor!


Así que comencemos...Me cuesta perdonar porque:

1. No me parece justo hacerlo

Yo literalmente cuando contemplaba la idea de perdonar, me invadía un orgullo extremo el cual me hacia pensar y sentir que ese “perdón” debía ganárselo esa persona que me lastimó, es decir yo pensaba que antes de perdonar debía ver a esa persona sufrir, suplicar, rogar, mendigar jajajaja etc, por lograr que de mis labios salieran estas palabras: “te perdono”, yo sé que ustedes me entienden, porque no creo que he sido solo yo la que he pensado así.


El pensar así, por supuesto me hacia retrasar ese perdón porque sencillamente debía pasar más tiempo de sufrimiento para esa persona hasta que por fin algún día se ganara ese perdón, y no me daba cuenta que ese tiempo era realmente oro para mí. Este tipo de pensamientos tan normales cuando hemos sido heridos, es una muestra de que creemos que el demorar un perdón es sinónimo de ir dando una venganza lenta, además sé que decimos frases como las siguientes:


“aparte de que me hace lo que me hace, pretende que lo(a) perdone ya, así rápido, como si nada”, “Que tal, quiere que lo(a) perdone ya, eso no es justo”

¿Para Quién no es justo?, ¿Cuánto tiempo sería el tiempo justo para otorgar un perdón después de una gran ofensa?, ¿Y si la persona que te hirió nunca te pide perdón, esperarás toda la vida hasta que lo haga?, ¿Si la persona que te lastimó fallece, te quedarás sin perdonar?


Es muy importante que entendamos que cuando nosotros decidimos perdonar no lo hacemos por hacer justicia con quien nos lastimó, pues no somos nosotros los encargados de juzgar lo que esa persona hizo y que de nuestro perdón no dependen que las consecuencias de sus actos cambien; es decir, la persona que te hirió tendrá que afrontar el resultado de sus actos o palabras y eso no va a cambiar porque tu perdones o no.


Como lo hablé en el post anterior, hay ofensas simples que perdonas instantáneamente, pero en este caso estoy hablando de ese otro tipo de ofensas que nos destruyen, que nos quiebran, que nos rompen lo más profundo de nuestro ser y que por lo tanto, el perdonar no llega a ser tan fácil. Sé que no fue justo lo que tuviste que vivir y sentir, ninguno de nosotros merecemos recibir dolor ni heridas, pero quiero decirte que el NO PERDONAR, no hará que tu dolor cobre justicia.


¿Quieres que hablemos de justicia? Bien, el tiempo va pasando y si tenemos ese pensamiento de “no perdono porque no es justo” te comenzarás a llenar de un sentimiento llamado rencor, ese rencor se va convirtiendo en amargura, odio y todo eso junto contaminará no solo tu alma, sino tu cuerpo también; hay una frase que dice que: “guardar rencor es como beber veneno y esperar a que la otra persona se muera”, creo que esta frase lo explica todo, entonces te pregunto ¿Es justo contigo el NO PERDONAR?


Si llevas mucho tiempo postergando el otorgar un perdón, tal vez llenándote de rencor porque eso te hace sentir que es más justo de esa manera o que no perdonas porque la otra persona no lo merece; hoy te invito a que cambiemos esa conclusión y a que puedas decir conmigo:


¡HOY DECIDO PERDONAR PORQUE ESO ES JUSTO CONMIGO Y PORQUE YO LO MEREZCO!


2. Mis heridas duelen demasiado

¡Qué difícil es perdonar cuando nuestras heridas están abiertas!

Recordemos que no estamos hablando de perdonar a alguien que pasó y sin querer nos empujó y nos dijo: “perdón” y nosotros respondimos “tranquilo, todo esta bien”. Noooo, estamos hablando de perdonar a alguien que nos causó heridas profundas, que duelen demasiado, que nos hicieron perder tal vez a un ser amado, o que nos hicieron perder el amor por nosotros mismos, la confianza, la inocencia o que nos hicieron cambiar el rumbo de nuestras vidas.


Por eso en estos casos no es tan simple decir: “tranquilo(a) todo esta bien”, porque en realidad sentimos que no esté bien, que no estamos bien, sentimos dolor, rabia, impotencia, desilusión y entonces ¿Cómo puedo pensar en perdonar sintiéndome así?


Precisamente como les hablé en el post anterior, el perdón es una jornada, pero es una jornada que viene dentro de un proceso de sanidad. Así que si tus heridas están recientemente causadas, este es un momento para reconocer tu dolor, tu pérdida, tus heridas, es un momento para expresar tus sentimientos, pensamientos y todo lo que pueda estar dentro de ti, es un momento para buscar a alguien con quien comenzar a sanarte y en medio de ese proceso llegar a la jornada del perdón , la cual será vital para cerrar esas heridas.


Si por otro lado tus heridas tal vez fueron causadas hace mucho tiempo, pero nunca las sanaste y por eso aun sientes el dolor como si hubiera sido ayer, antes de poder perdonar se necesita procesar tu dolor y comenzar un proceso de sanidad de tus heridas cuanto antes, así que busca ayuda de alguien con quien puedas hacerlo, ya sea un consejero, psicólogo, pastor o pastora, sacerdote, líder, institución, Grupos de Ayuda, Fundación, etc.


Para decir todo esto en otras palabras, básicamente es como si habláramos de un soldado herido en la guerra que se está desangrando pues perdió una de sus piernas y le estuviéramos hablando de asistir a las terapias de rehabilitación , ¿es ridículo verdad? Bueno es básicamente lo mismo, lo primero que se debe hacer por ese soldado es salvarle la vida, llevarlo al hospital para que puedan cerrar sus heridas, hacer las cirugías pertinentes, en fin. Seguido de esto, viene la etapa de hacer el duelo por el miembro que perdió, pues tendrá que adaptarse a un nuevo estilo de vida y esto incluirá comenzar unas terapias de rehabilitación. Bien, de la misma manera pasa con tus heridas, no puedes pensar o contemplar el perdón, mientras te estás desangrando.


De este modo, la invitación el día de hoy es que puedas decir conmigo:


¡HOY DECIDO PERDONAR Y POR ESO VOY A BUSCAR AYUDA PARA SANAR MIS HERIDAS!


3. No tengo ni idea como hacerlo

Yo creo que el perdón o el perdonar es algo que se debe hacer de la misma manera como cuando queremos comenzar un nuevo hábito saludable en nuestra vida. Es decir, ya entendimos que el perdón es un regalo maravilloso para nosotros mismos, ya entendimos que el perdón es un acto de amor por nuestra salud y por nuestra vida en general, entonces ahora vamos a implementarlo.


El próximo post será un post completamente dedicado a la jornada del perdón, por eso en este punto solo les voy a dejar un abrebocas o más bien un preámbulo a esa jornada.


Un ejemplo de un hábito saludable para nuestra vida puede ser el comenzar a hacer ejercicio, si ustedes lo miran, el concepto puede ser similar al perdón, conocemos sus beneficios, veremos los resultados en nuestra salud emocional y en nuestro cuerpo, nadie lo puede hacer por mí, pero aun sabiendo todo esto, NOS CUESTA HACERLO.


Entonces decidimos comenzar el primer día, vamos con toda, nos sentimos orgullosos, terminamos rendidos y al otro día nos duele todo y ya no queremos hacer nada, nos pesamos o nos miramos al espejo esperando ver los resultados (obviamente no pasa nada), sin embargo, sacamos fuerzas y volvemos a ir, porque seguimos convencidos de que hacer esto será bueno para nuestra vida, estamos convencidos de que veremos el fruto de ese esfuerzo y de esa dedicación a pesar del dolor, del cansancio y de las muchas veces que sintamos botar la toalla.


Esa misma decisión del primer día, será la que tendremos que repetir por muchos días siguientes hasta que se vuelva parte de nosotros, hasta que pasadas unas semanas, cuando vemos los kilos perdidos, vemos las tallas rebajadas, vemos el estado físico adquirido, se nos hace una sonrisa en la cara que sólo significa una cosa y es: ¡Valió la pena todo el esfuerzo!.

Bien, con el perdón es igual, el perdón esta lleno de muchas decisiones diarias, en el post anterior cuando hablé sobre si el perdón era una decisión o un sentimiento, hablé de dos conceptos de perdón: El perdón Intelectual y el Perdón emocional, yo explico estos conceptos, en que simplemente el perdón intelectual, es como esa decisión que tomas cada día para ir a hacer ejercicio, así tu cuerpo no quiera, tu mente lo decide porque sabe que lo necesitas y que es lo mejor para ti; y el perdón emocional es ese que llega a unirse al intelectual cuando ya ha visto que han funcionado sus decisiones, es cuando tu corazón expresa ese sentimiento que ahora cuando te debes levantar a hacer ejercicio, el cuerpo también quiere levantarse, pues ya entendió que sí vale la pena hacerlo.


Entonces la invitación de hoy es que puedas decir conmigo:

¡HOY DECIDO CON MI MENTE PERDONAR Y ADELANTE TE ESPERO CORAZÓN PARA QUE DISFRUTEMOS JUNTOS!


4. Mis fuerzas no me alcanzan

Sinceramente quiero decirles que para mí, este es el punto más importante del perdón.

Yo creo que podemos saber que perdonar es justo para nosotros, podemos ya no tener nuestras heridas abiertas, podemos haber decidido y sentir hacerlo, pero en mi vida, he podido comprobar que sola jamás hubiera podido perdonar.


Yo sé que nosotros como humanos tenemos muchas fortalezas y capacidades dentro de nosotros, sé que yo les he hablado de cómo las crisis sacan lo mejor de nosotros y nos permiten ver las cualidades y habilidades que tenemos para levantarnos y seguir adelante, pero debo decir que en medio de las crisis, del dolor y sobre todo del perdón, NUESTRA HUMANIDAD, NO ES SUFICIENTE.


Conozco ejemplos de perdón que han impactado mi vida de admiración por quienes lo han hecho, admiro a sus protagonistas, admiro su decisión por perdonar a sus ofensores. Y aunque todo esto es de admirar encuentro en esas historias y en la mía propia, una intervención que marca la diferencia, una intervención sin la cual ese perdón no hubiera sido posible, esa intervención se llama: Dios.


Frank Minirth Psiquiatra de la Universidad de Arkansas escribió:

“El poder humano por sí solo no logra alcanzar el perdón pleno. Hay un componente del perdón que es divino. No se puede alcanzar sin Dios”


Qué les puedo decir, creo que no hay mayor maestro o ejemplo de perdón que el que Dios nos mostró a nosotros, creo que Él fue el único que nos enseñó a que amemos a nuestros enemigos, a los que nos hacen daño; porque amar a quienes nos aman es fácil, pero perdonar y amar a quienes nos lastiman, eso sí que es un reto.


Miren, yo puedo decirles que habrán tal vez muchas terapias, métodos, cursos, profesionales, etc, que intentarán llevarnos a lograr el perdón absoluto, pero hoy quiero decirles algo y es que nada de esto funcionará si Dios no está ahí presente. Me cuesta mucho colocar esto en palabras, prácticamente no encuentro como explicárselos, intento recordar esos momentos en los cuales tuve que perdonar tanto dolor causado y solo recuerdo mirar al cielo y decir:


“Dios mío no puedo hacerlo sola, dime cómo hago para perdonar”

El simplemente me respondió:

“mira a esa persona como la miro yo, mira a esa persona como yo miré a la mujer adultera que iban a apedrear, mira a esa persona de la misma forma como tú esperas que yo te mire cuando vienes a mí pidiéndome perdón y solo así entenderás por qué necesitas soltar esa piedra y perdonar”


Entender esto, para mí, fue entender que en ese momento la mujer adultera era la persona que me había hecho daño y la cual en los brazos de Jesús tuvo perdón, pero también fue entender que en otros momentos, soy yo esa mujer buscando perdón, fue entender que en los brazos de Jesús no solo encuentro sino que también doy el perdón.


Por esta gran razón es que nuestras solas fuerzas no son suficientes para perdonar.

El perdón es para valientes humanos, para esos humanos que reconocemos que somos imperfectos y que fallamos. Es para esos humanos que a pesar de caernos nos levantamos más fuertes, mas fuertes porque logramos aprender que ser fuerte no es el que guarda rencor, sino que el más fuerte es aquel que perdona.


De esta manera la invitación de hoy es para que junto a mí puedas decir:

¡HOY RECONOZCO QUE MIS FUERZAS NO ME ALCANZAN Y QUE POR ESO, DEFINITIVAMENTE PARA PERDONAR, NECESITO DE TÍ DIOS!


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