NO ES BUENO QUE ESTÉS SOLO…




No lo digo yo, lo dijo quien te creó.


A menudo escuchamos y también decimos la siguiente frase: “Es mejor estar solo que mal acompañado”, yo sí que he dicho esa frase en estos últimos años de mi vida, jajaja los que conocen mi historia ya entenderán porque y a lo mejor muchos de ustedes se identifican conmigo, y también han pronunciado esa frase muy seguido. Por lo general la mencionamos refiriéndonos a las relaciones de pareja, pues sin duda alguna, ninguno queremos tener de compañero a alguien que nos lastime, no valore nuestra presencia, amor, entre otros o que sumado a esto sea una persona tóxica, que en vez de aportarnos nos reste y nos contamine.


De hecho por lo general asociamos a alguien que no tiene pareja como a alguien que está solo, como si el resto de seres a su alrededor no existieran. La realidad también es que por lo general nosotros mismos cuando no tenemos una pareja aseveramos estar solos, en mi caso cuando me preguntan: ¿Ya te volviste a casar? Me he encontrado muchas veces con que doy esta respuesta: No todavía sigo sola.


Siempre me había preguntado ¿por qué es tan importante para nosotros los humanos ésta área sentimental? Pareciera que lo definiera todo, pareciera que cuando esa área está suplida todo lo demás no importara, pareciera también que cuando algo sale mal y de pronto se termina, uno siente que su vida también terminó allí, pero saben algo, por fin encontré la respuesta y ahora todo tiene más sentido.


En el principio del mundo cuando Dios estaba creando los cielos, la tierra, los mares y demás, justo al terminar de crear cada cosa Él decía que había sido bueno, después llega el momento cuando crea al hombre, le muestra el paraíso en el cual podía vivir, pero Dios se da cuenta de algo y por primera vez dice que algo no era bueno y ese algo era: que el hombre estuviera solo. Seguido de esto crea a todos los animales y le encomienda a Adán el trabajo de colocarles nombre a cada uno, sin embargo, en los animales no se encontró la ayuda, ni la compañía para Adán. A partir de este momento Dios crea al ser humano con la necesidad de conectarse, no con animales, sino con otro ser humano. Encontramos entonces una escena en donde está Adán en medio del paraíso mas increíble que pueda existir, con la capacidad de gobernarlo, feliz de poder adorar a Dios en todo su esplendor pero sintiendo dentro de si un vacío por mirar a su lado y no tener a nadie con quien compartir todo aquello. He aquí nuestra necesidad de tener un par, de querer o necesitar conectar con otros seres vivos, sencillamente (porque como dice Itiel Arroyo en su libro “Amar es para Valientes”): “La soledad no era buena para Adán y no es buena para ti”[1]


Además de tener esta necesidad de conectar con otros seres humanos, está claro que Dios no le crea una mamá o un padre a Adán, tampoco le crea un hijo, ni 3 amigos más para que puedan jugar fútbol; Dios crea a una mujer, a un complemento para su vida, una ayuda, una compañera de vida con la cual serian uno solo.


Después de descubrir esta respuesta todo tuvo más sentido, y ahora entiendo por qué en casi todo el mundo, por no decir que todo el mundo, vive en esa búsqueda por encontrar el “amor” o por qué abunda ese sentimiento de pensar que de nada sirve tenerlo todo si no hay con quien vivirlo o compartirlo, entendí que así queramos creernos autosuficientes, Dios siendo Dios ya un día vió que… NO ES BUENO QUE ESTEMOS SOLOS.


Desde que nacemos venimos conectados a nuestra madre, no podríamos vivir si así no fuera; después un día nacemos y aunque se corta ese cordón umbilical que nos unía, seguimos unidos por la conexión con nuestros padres, por la necesidad de que alguien nos cuide hasta que poco a poco vamos aprendiendo a ser cada vez mas independientes, pero eso sí teniendo conexión constantemente con nuestra familia, amigos, vecinos, compañeros de colegio, etc., y así vamos por la vida, hasta que un día sentimos que estamos listos para “dejar” de alguna manera a quienes fueron nuestro núcleo familiar y entonces unirnos con otra persona para ser uno.


Dicho en otras palabras, Dios creó al pez para estar en el agua y no puede vivir fuera de ella, creó a los animales de la tierra para vivir sobre ella y necesitar aire para respirar, Dios creó al ser humano para vivir conectado a Él y vivir conectado a otros seres humanos.


Durante nuestra vida tenemos distintos momentos de soledad, es decir, en ocasiones podemos estar literalmente solos o podemos tener compañía y sentirnos solos; pero acá está el punto y es que como humanos necesitamos algo mucho más que una compañía o cientos de personas a nuestro lado, necesitamos RELACIONARNOS.


Miren esto:

"la soledad" -entendida como aislamiento social- "puede representar mayor amenaza para el sistema sanitario que la obesidad" [2]


La soledad ha ido creciendo en nuestra sociedad como una epidemia que literalmente ha tomado muchas vidas, por esta razón hoy quiero hacer un llamado a que busques conectarte, ya sea porque eres tú quien está y se siente solo o tal vez porque cuando lo hagas puedas salvar la vida de alguien más.


Hoy quiero hablarte de un estado, de un sentimiento que cuando llega a nuestras vidas si no sabemos cómo afrontarlo, cómo contrarrestarlo, cómo transformarlo, sencillamente se puede llevar nuestros mejores años, momentos y en los peores casos nuestro aliento de vida.


Hoy quiero que se queden grabadas en tu mente dos razones por las cuales NO ES BUENO QUE ESTEMOS SOLOS:


1. El aislamiento mata

Numerosos estudios han comprobado que el aislamiento de un ser humano lleva a diferentes trastornos en su mente. En varias prisiones lo han utilizado como método de castigo, pues automáticamente desequilibra a cualquier persona, volviéndola impaciente, ansiosa, nerviosa y hasta llevándole a tener alucinaciones. Dicho de otra manera, un ser humano aislado ya sea por voluntad o por imposición sería lo mismo a sacar a un pez del agua o enviar a un humano a lo profundo del mar y esperar a que vivan.


En nuestra vida tenemos momentos de soledad situacionales, por lo general producto del rompimiento de algún tipo de relación, muerte de algún ser querido, cambio de lugar de vivienda, divorcio y otras transiciones. Como la misma palabra lo dice, este estado de soledad debería ser momentáneo, pero en muchas ocasiones se convierte en un estado que se queda, llevando a la persona a cada vez apartarse más, haciéndole creer que es mejor estar así pues nadie entiende su dolor, que es mejor estar sola pues así no hace daño a los seres que quiere, rompiendo cada día más los muchos o pocos vínculos que le queden, de modo que le lleve a pensar un día, que se encuentra tan sola que si se fuera de esta vida nadie lo notaría.


Eso es lo que hace el aislamiento, es un veneno silencioso, que comienza por una idea que te lleva a tomar la decisión de pasar un momento de dolor, una perdida, una herida o alguna transición solo, y ahí comienza todo, cuando no hablamos, cuando no buscamos ayuda, cuando no buscamos a quien nos escuche, quien nos acompañe, pero si nos quejamos porque nadie lo hace. Porque dentro de nosotros siempre, siempre sabremos que por mas pequeña que sea la herida, nunca caerá mal un abrazo, ni sobrará una mano que te ayude a levantar o unos oídos dispuestos a escuchar.


Necesitamos entender que precisamos de otros, necesitamos entender que es perfecto que tengamos nuestros tiempos a solas con nosotros mismos y por supuesto que todos los necesitamos, pero es muy importante que no nos quedemos allí, necesitamos entender que muchas veces por más que las personas nos conozcan NO SON ADIVINAS y que por lo tanto:

“Es más humano pedir ayuda que creer que somos autosuficientes”.


El aislamiento va en crecimiento en este mundo actual, digital, tecnológico en donde podemos tener la increíble capacidad de vernos a través de una cámara con cualquier persona en el mundo entero, pero no tenemos ni idea como se llaman nuestros vecinos, los que muy seguramente si el día de mañana llegamos a estar botados en una cama por una simple gripa, podrían ser ellos quienes nos trajeran una sopa, un medicamento o una ambulancia. Vivimos en una mentira que nos hace creer que no importa si estamos solos mientras nuestro celular este con nosotros, pues automáticamente nos han lavado el cerebro para pensar que no necesitamos de nadie pues a través del teléfono podemos pedir la sopa, el medicamento y la ambulancia; he aquí una vez más el veneno del aislamiento que mata, que está destruyendo y llevándose cada día mas vidas.


Por todo lo anterior, hoy mi llamado es a que por nada del mundo vivas tu vida solo, ni los momentos tristes ni tampoco los alegres, no te creas la mentira que nos han vendido, no creas si en tu familia te enseñaron que las pruebas y las crisis se superan estando solos, no creas que teniendo un celular o cualquier dispositivo lo tienes todo, no creas que cuando estés a punto de caer a un precipicio alguien aparecerá a salvarte si nunca dijiste que estabas camino hacia allá, no creas que al estar solo eres más fuerte, no le des cabida al aislamiento no dejes que ese veneno entre y envenene tu mente y corazón, y si por alguna razón crees que ya lo estás, hoy quiero decirte que tú mismo tienes el antídoto, ALZA TU MIRADA Y CONECTATE.


2. La conexión salva vidas

Cuando nosotros pasamos por momentos difíciles, duros, dolorosos, momentos en donde nos sentimos solos por los cambios, las perdidas, las tragedias, etc., son momentos en donde estamos completamente expuestos, vulnerables y es por eso que nuestras decisiones marcan una gran diferencia en el desenlace de esos momentos.


Es muy respetable que cuando estemos viviendo momentos de crisis o dolor, deseemos tener momentos a solas, yo sí que he disfrutado mis momentos a solas, pero he aquí la diferencia, todos necesitamos tener y disfrutar nuestros momentos con nosotros mismos, esos tiempos en donde conversamos con nuestro yo interno, esos tiempos en donde nos conectamos con Dios y nos mostramos tal y como somos, esos tiempos que son maravillosos cuando solo son eso: tiempos y no estados permanentes de soledad.


Por otro lado hay situaciones en donde las personas no eligieron quedarse solos pues les abandonaron, o la muerte se llevó a quien les daba compañía e inevitablemente se sienten solos, son tiempos de soledad; pero tiempos que según las decisiones pueden llegar a terminar o también pueden llegar a volverse estados permanentes de soledad.


Lo que es claro cuando una persona se siente sola por elección, por decisiones de otros, por tragedias, etc., es que comienza a acechar un enemigo inminente cuyo único objetivo es acabar con esa vida vulnerable que cree que ya no hay nada más, ese enemigo llamado: suicidio.


Recuerdo que en los primeros meses, mientras pasaba mi proceso de asimilar el divorcio y el recomenzar mi vida en otro país con mis dos hijos, tuve en mi mente una que otra vez el pensamiento de morir, es un pensamiento sutil, como si quisiera entrarse para darle una solución a tu soledad, a tu dolor, a tu tristeza y a tu futuro, no puedo evitar derramar unas cuantas lagrimas mientras les escribo esto, porque me duele mucho pensar en todas aquellas personas que justo en este mismo momento están aceptando ese pensamiento y están quitándose sus vidas. Hoy quiero contarles lo que me evito a mí no seguir a ese pensamiento, en realidad no es ningún misterio, pero sí es un salva vidas y ese salva vidas es la conexión, la conexión con Dios pero también la conexión con los seres que amo.


Cuando a mi mente llegó este pensamiento de quitarme la vida pensé dos cosas:

1. Dios aun tiene muchas cosas que hacer conmigo, no puedo hacer esto

2. Mis hijos, mi familia y mis amigos me necesitan, me extrañaran, les dolerá


En ese momento salieron mis conexiones más importantes, mis momentos con Dios, el propósito que el tenia conmigo, son segundos en donde comienzas a revivir tu vida, tantas miradas cruzadas, tantos abrazos, sentimientos, vivencias, experiencias, con esos seres a los que estás conectada, que en cuestión de milésimas de segundos entiendes que por nada del mundo esa seria una solución, entiendes que amas esas conexiones, que las necesitas y que si te vas de este mundo las perderías. Pero el problema está cuando una persona tiene ese pensamiento de quitarse la vida y lo que piensa y siente es esto:


1. Creo que ni a Dios le importa si sigo vivo

2. Realmente no hay nadie que me necesite, me ame o me extrañe


Este es el resultado una vez más de no conectarnos con Dios y con las personas que están a nuestro lado, este es el resultado de buscar en tu mente y en tu corazón y no encontrar a nadie, porque te aislaste, porque te aislaron y no has hecho nada para salir de allí.

Conectarnos, relacionarnos es una necesidad, lo necesitamos tanto como el aire, como el agua en nuestro cuerpo. La conexión salva vidas


¿Sabes algo? A lo mejor sientes que Dios y que muchas personas te han defraudado y por eso has hecho una barrera para no relacionarte ni vertical ni horizontalmente, pero hoy quiero decirte que aislándote no estarás mejor, quiero decirte que Dios sigue estando ahí para ti y que a tu lado pueden haber personas maravillosas, igual de imperfectas a ti, pero que necesitan también relacionarse contigo, esta vida no es fácil y vivirla solo si que menos que lo es.


¿Sabes algo? Tal vez no eres tú quien hoy se siente solo, ni eres tú quien ha pensado en quitarse la vida, pero a menudo las personas más solas están en medio de la multitud y tú con el solo hecho de conectarte con alguien, pero de verdad conectarte, mirarle, hablarle, sonreírle, relacionarte… a lo mejor sin saber, estarás salvando una vida.


De este modo, sin importar de qué lado te encuentres, si eres una persona que está sola o si tienes muchas relaciones, por favor CONÉCTATE PORQUE SALVARÁS YA SEA TU VIDA O LA VIDA DE QUIEN TIENES A TU LADO.


“Nacemos indefensos. En cuanto somos plenamente conscientes, descubrimos la soledad. Necesitamos a los demás física, emocional e intelectualmente; les necesitamos si queremos conocer algo, incluso a nosotros mismos” C.S Lewis

Nunca olvides que NO ES BUENO QUE ESTÉS SOLO


Desde mi Alma hacia la tuya

Adry

[1] Arroyo Itiel, 2019, Editorial e625, Amar es para valientes, Pág. 47.


[2] Rebeka Yanke, Periódico El mundo, España, 2017

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